UGT apuesta por una política centrada en las personas y el empleo, frente a la estrategia de la austeridad

Lun 05 Mayo de 2014

Frente a la estrategia de la austeridad, UGT apuesta por una política centrada en las personas y el empleo. UGT valora la mejoría de determinados indicadores económicos pero subraya que no son suficientes para situarnos en un escenario de fin de la crisis porque la economía real sigue una senda muy distinta, además, la previsión del Gobierno es que la deuda pública supere el 100% del PIB en 2015.

 El sindicato considera que ante la destrucción de empleo, la devaluación salarial, la pérdida de poder adquisitivo, el empeoramiento de la calidad del empleo, el aumento de las desigualdades y la extensión de la pobreza -consecuencia de la crisis y de la políticas de recortes del Gobierno- es necesario intervenir en la reactivación del consumo de las familias, poner en marcha planes de choque específicos, para impulsar la contratación laboral y el empleo entre los colectivos en peores condiciones -parados de larga duración, jóvenes y trabajadores sin formación- y extender coyunturalmente la protección por desempleo, sin olvidar una reforma fiscal al servicio de una política económica eficiente y equitativa. Frente a la estrategia de la austeridad, UGT apuesta por una política centrada en las personas y el empleo, con una salida más equilibrada de la crisis y reformas de calado para hacer la economía española más competitiva y sostenible a largo plazo, basada en la mejora de la productividad, el valor añadido, la generación de empleo de calidad y la mejora de nuestro Estado de bienestar.

El INE ha publicado hoy el avance del Producto Interior Bruto (PIB), según el cual la economía española ha crecido un 0,4% en el primer trimestre de 2014 respecto al trimestre anterior, dos décimas más que el último trimestre del año pasado. En términos interanuales el avance el del 0,6%, frente al descenso del 0,2% del trimestre anterior. Según el propio INE, este repunte se debe a la aportación de la demanda nacional que compensa el empeoramiento de la demanda externa.

Habrá que esperar al dato definitivo del mes de mayo para confirmar esta situación un tanto contradictoria con los argumentos que sostiene el Gobierno en el nuevo cuadro macroeconómico, presentado también hoy, que prevé un incremento del PIB en 2014 del 1,2% y en 2015 del 1,8%, y una tasa de paro del 24,9% en 2014 y del 23,3% en 2015. Y todo esto gracias a tres pilares básicos: el dinamismo exportador de la economía española, el auge del consumo privado y la mejora de la inversión.

Pero por mucho que los economistas del Gobierno se empeñen en hacer ingeniería numérica en sus previsiones, la realidad es tozuda. El dinamismo exportador de la economía española puede verse frenada en cualquier momento por la fortaleza actual del euro frente a otras economías con un papel principal en las exportaciones mundiales, dadas entre otras, las propias amenazas en la Euro Zona, como las derivadas de la deuda griega, de los nuevos ajustes en Portugal y en Francia y del conflicto en Ucrania.

Por su parte, la mejora de la inversión empresarial requiere de una disponibilidad de crédito que hoy por hoy no se está produciendo en España a pesar del saneamiento público de las entidades financieras privadas, y su elevado coste social, y de la demanda de que esta situación revierta desde distintos organismos internacionales, incluida la propia Comisión Europea.

Por último, el consumo privado de las familias necesita una disponibilidad de recursos financieros que actualmente no existe en nuestro país debido a distintos factores: los salarios y las pensiones están cayendo y siguen perdiendo poder adquisitivo; continúa la destrucción de empleo (este año ha comenzado con 184.600 empleos menos que el trimestre anterior) mientras la ocupación está en mínimos históricos al igual que la tasa de empleo (55,45%); el paro sigue escalando (hasta el 26%) y ya hay casi dos millones de hogares en España con todos sus miembros en paro y más de 700.000 sin ningún tipo de ingresos. Teniendo en cuenta el número de perceptores de prestaciones y la estimación de desempleados de la EPA, la proporción de quienes están recibiendo alguna prestación se reduce al 44% pero, además, como la calidad del empleo de los que aún mantienen su puesto de trabajo no deja de deteriorarse (caen la contratación indefinida (-210.000) y la contratación a tiempo completo (-135.200) y aumenta la contratación temporal (+152.500) y los contratos a tiempo parcial (55.700), es probable que su confianza en el futuro sea más que dudosa, lo que a su vez, compromete sus decisiones de consumo.

Esta desconfianza en el mercado de trabajo y en la evolución de la economía en general se refleja sin lugar a dudas en la caída de la población activa en España donde, en el último año, hay casi medio millón menos de activos como consecuencia del desánimo de los ciudadanos de nuestro país. En este contexto, parece harto complicado que el consumo de las familias españolas pueda siquiera atisbar el mínimo repunte. Más teniendo en cuenta las terribles secuelas que han causado las políticas de austeridad en forma de desigualdades económicas y sociales, en términos de pobreza y de exclusión social, situaciones cada vez más extendidas ya que según los últimos datos, en 2013, la tasa de riesgo de pobreza se sitúa en el 21,6% de la población residente en España, y aumenta un punto más entre la población de 16 a 64 años, es decir, la que está en edad de trabajar.

Con el escenario planteado con los datos de la EPA de días pasados, es más que improbable siquiera rozar la posibilidad de creación de 600.000 empleos netos en dos años como pretende el Gobierno de Rajoy. En definitiva, el escenario de recuperación económica pretendido y presentado por el Gobierno no es sino un espejismo inverosímil para el conjunto de la ciudadanía española.

Pero es que el optimismo suicida del Gobierno llega hasta el hecho de que esta recuperación económica fantasma va a sanear las arcas públicas de manera que la pretensión es lograr el cumplimiento del déficit sin nuevos recortes pero con una nueva reforma fiscal. Muy ambiciosa ha de ser esta reforma para cumplir con lo pactado con Bruselas: reducir el déficit desde el 6,6% con el que acabó al año 2013 hasta el 5,8% en 2014, el 4,2% en 2015 y el 2,8% en 2016. El Gobierno prevé que la deuda pública supere el 100% del PIB en 2015, hasta el 101,7%, para repuntar al 105,5% en 2016, y que sólo en 2017 comience a descender, hasta situarse en ese año en el 98,5%, esto aumentará las dificultades para la inversión pública y perjudicará a la cohesión social.

En este sentido, UGT valora la mejoría de determinados indicadores puesto que el crecimiento económico es condición imprescindible para la recuperación de la economía y del empleo, pero no es ni mucho menos suficiente para situarnos en un escenario de fin de la crisis, porque la economía real, no especulativa, sigue una senda muy distinta: de destrucción de empleo, de devaluación salarial, de pérdida de poder adquisitivo, de empeoramiento de la calidad del empleo y de aumento de las desigualdades y de extensión de la pobreza, todo ello consecuencia de la crisis, aún instaurada en nuestra economía, y de la políticas de recortes aplicadas desde el Gobierno.

Por ello, UGT considera que es necesario intervenir en distintos frentes: en la reactivación del consumo de las familias, imprescindible para lograr las tasas de crecimiento que necesita nuestro país, que permita crear empleo y recobrar los niveles de renta perdidos, lo que a su vez requiere crear empleo de calidad y la recuperación y mejora de los salarios; para ello, hay que poner en marcha planes de choque específicos, con recursos excepcionales para impulsar la contratación laboral y el empleo, especialmente, de los colectivos en peores condiciones, es decir, parados de larga duración, jóvenes y trabajadores sin formación, y por otro, extender coyunturalmente la protección por desempleo. Todo ello sin olvidar una reforma fiscal que ponga al sistema tributario al servicio de una política económica eficiente, que incentive el crecimiento económico sostenible y cuyos objetivos se centren en la configuración de un sistema tributario más justo, que permita una redistribución equitativa de renta y riqueza, el establecimiento de un volumen de ingresos suficiente y estable, que permita garantizar la prestación de los servicios públicos de calidad así como la inversión productiva que debe ofrecer un estado del bienestar moderno, y la dotación a la Agencia Tributaria de las herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el fraude fiscal.

Frente a la estrategia de la austeridad, UGT apuesta por una política centrada en las personas y el empleo, con una salida más equilibrada de la crisis y con reformas de calado para hacer la economía española más competitiva y más sostenible a largo plazo, basada en la mejora de la productividad y el valor añadido, la generación de empleo de calidad y la mejora de nuestro estado de bienestar.


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