Un pacto por el trabajo

Mie 20 Julio de 2016

"El Premio Príncipe de Asturias, George Steiner, decía hace unos días en una entrevista que el dinero no había gritado nunca tan alto como ahora, y que a ello se le sumaba el desdén de los políticos hacia quienes no tienen dinero". Así da comienzo el artículo de opinión de Gonzalo Pino, Secretario de Política Sindical Confederal de UGT, publicado en infolibre.es

 La reflexión del ensayista es la constatación de una realidad que nos está llevando a sociedades cada vez más empobrecidas y más polarizadas. Las políticas neoliberales que nos están imponiendo los grandes poderes económicos, y que llevan al gobierno a tomar unas medidas y no otras, son las que están poniendo en peligro nuestro modelo de convivencia social. Es el momento de pasar a la acción y desplazar la codicia y la avaricia del centro de decisiones, para colocar en él al ser humano y su bienestar.

 
El próximo Gobierno que tengamos en España deberá hacer esta apuesta y deberá convocar a los agentes sociales para negociar un gran pacto por el trabajo, porque no olvidemos que es el empleo, los buenos empleos, la clave para superar esta terrible situación de crisis a todos los niveles, no solo económica, y garantizar, a través de él, el bienestar social. Todos los acuerdos que se tomen en el futuro inmediato que no pasen por disminuir las tremendas cifras de paro y por acabar con la precarización laboral y el subempleo, estarán abocados al fracaso. Solo un cambio de paradigma podrá llevarnos al final de este túnel. Está en las manos de las élites económicas y políticas, como ya lo hicieron en otros momentos de la historia, el entender que solo la paz social y el bienestar de la clase trabajadora, es decir del grueso de la población, es el camino para garantizar la estabilidad y el progreso de nuestra sociedad.
 
Es evidente que UGT estará ahí para negociar un gran pacto por el trabajo que ponga fin a las desigualdades sociales y que frene la ruptura de la cohesión social. Para lo que no estaremos es para negociar recortes sociales, ni para aparecer en fotos que tienen otros fines diferentes a la solución del paro, de la precariedad laboral y de los recortes de servicios básicos para la ciudadanía. No se puede entender que se sigan pidiendo esfuerzos a los trabajadores y trabajadoras cuando al mismo tiempo el Ejecutivo o el Banco de España afirma que vamos a crecer al 2,5%. No podemos olvidar que antes de que estallara la crisis de 2008, cuando el IPC crecía por encima del 2% en este país se empezaba a crear empleo de calidad. Si ahora no se hace, se debe a las políticas que se han implantado y que permiten que la mayoría de los ciudadanos no se beneficien del crecimiento, al tiempo que el 1% aumenta su riqueza.
 
Estas futuras políticas laborales tendrán que contemplar soluciones a corto plazo que frenen en seco las diferentes formas de esclavitud que han aparecido en el mundo del trabajo a raíz de la aprobación de las reformas laborales, y cuyo exponente más claro es la del trabajador pobre sin derechos. No es viable a medio plazo una sociedad basada en empresas que consiguen ser eficientes y competitivas a base de contratar a menos empleados, pagarles peor y obligarles a realizar jornadas de trabajo por encima de lo que dice su contrato. Tampoco creo que las grandes inversiones vayan buscando empresas que no tengan en cuenta el valor añadido, y el principal valor añadido que tenemos es el que aporta el trabajador. La cuestión, por tanto, es si queremos vivir en contextos violentados socialmente y con un creciente número de trabajadores parados y precarizados. Los sindicatos de clase lo tenemos muy claro: no. Ahí está nuestra línea roja.
 
En este marco de negociaciones se tiene que impulsar la Seguridad Social y poner fin a las medidas que en estos momentos la están descapitalizando: los bajos salarios y las subvenciones a las empresas. Estas ayudas, que anualmente alcanzan los 2500 millones de euros, deben destinarse a este fondo. Es urgente que el Pacto de Toledo se reúna para que analice sin falta la situación en la que nos encontramos, se exploren vías para que algunas partidas de las pensiones se puedan cubrir por la vía de los presupuestos generales del Estado, y se ponga sobre la mesa qué deben cotizar las empresas que cada vez sustituyen más la mano de obra de los trabajadores por tecnología. La responsabilidad social de las empresas es un factor a exigir en este nuevo presente de cambios constantes.
 

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